¿Se Acerca la Gran Tribulación?

De Edén a la Nueva Jerusalén: El Plan de Dios para la Humanidad

CAPÍTULO 4

LA PRIMERA CIVILIZACIÓN

(4=dalet, “en este mundo en este tiempo”)

¿Por qué fue diferente la vida en el huerto del Edén?
¿Qué revela el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo
acerca del plan de Dios al crear a Adán y Eva?
¿Fue manipulación genética la razón para el diluvio en tiempos de Noé? ¿Hará la manipulación genética moderna que Dios destruya también nuestra civilización?

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Cuando empecé a investigar la gran tribulación descubrí lo que yo llamo la Piedra de Roseta de la Biblia. La comprensión que me dio este descubrimiento me reveló otra dimensión de la experiencia de Adán y Eva en el huerto. Ni siquiera los cristianos han oído jamás esto. Le garantizo que este capítulo le abrirá un nuevo entendimiento de la historia temprana de la humanidad, según se registra en el Antiguo Testamento.

La destrucción de la primera civilización mediante el diluvio fue necesaria para la supervivencia de la humanidad. Al enteramos del por qué Dios juzgó a la primera civilización obtendremos noción de por qué él juzgará a nuestra civilización presente. Las razones son básicamente las mismas: un mundo decidido a rebelarse contra su Creador. Así como Dios no perdonó a la sociedad anterior al diluvio, así Dios de nuevo hará que sus hijos mortales atraviesen otro tiempo de prueba para purgarlos del mal y para perfeccionar a los fieles. Explicaré más de esto en mi segundo libro, El Misterio del 17 de Tamuz.

Para darle una perspectiva visual del plan de Dios para la humanidad he superpuesto las fechas del calendario con el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo en una tabla que muestra cómo encajan entre sí.

La Edad Zayin de Nuestro Mundo

Este capítulo describirá el principio de la humanidad y explicará la razón para nuestra existencia en la tierra.

El plan de Dios para la humanidad es el tema central de la Biblia. La mayoría de los no creyentes no pueden concebir una razón racional, inteligente, para nuestra existencia en este planeta. No pueden comprender por qué la muerte, el sufrimiento y la pobreza están tan extendidos. Algunas religiones predican la reencarnación, o sea volver en otra vida, tal vez como algún animal. Otras aducen que nos disolvemos en la nada cuando morimos. Sólo la Biblia da una respuesta clara, racional, a nuestras preguntas sobre la vida después de la muerte. Esto se debe a que los relatos de la Biblia no son invención de la imaginación humana, sino revelación de Dios, que se interesa intensamente por nosotros.

Puesto que Dios es todo un caballero no nos va a forzar a que le amemos o le aceptemos. Sin embargo, él sustenta toda su creación, y mediante la naturaleza nos provee de todo lo que necesitamos para vivir. Si estamos en mala condición, los únicos culpables somos nosotros mismos. Preferimos seguir el mal, y así nos enredamos con las religiones falsas en lugar de escuchar al Príncipe de Paz.

La única manera en que una persona puede ir más allá de la tumba es seguir el sendero trazado por Dios. Si no lo hace su vida acabará, y el infierno es el lugar a donde usted no quiere ir. Incluso los creyentes deben pagar si quebrantan las leyes de Dios.

La Creación de Adán y Eva

Contrario a la teoría de la evolución que se enseña hoy en la mayoría de las escuelas, colegios y universidades, la Biblia nos dice que Adán y Eva fueron creados. Basado en las Escrituras creo que esta primera pareja humana tenía súper inteligencia, mentes inquisitivas, y una fuerte curiosidad por investigar su medio ambiente. Dios los colocó en un huerto hermoso, protegido, para que maduraran. Él venía al huerto para encontrarse con Adán y Eva, todos los días, al fresco del atardecer. En esos maravillosos momentos juntos, Dios y el hombre intercambiaban ideas y disfrutaban de amistad y compañerismo. La primera pareja humana no podía haber tenido un maestro más perfecto.

La Biblia no nos dice cuántos años duró esta relación inocente, libre de pecado, entre Dios y la primera pareja. Podemos calcularla al mirar cómo el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo se superpone con la Tabla de Siete Mil Años de la Historia Humana.

La Tabla de Siete Mil Años muestra doce ciclos de 490 años (basado en el sistema hebreo de sietes, 490 siendo 7 x 70). Llegué a la fecha de partida para esta tabla empezando con el año en que fue destruido el primer templo judío de Jerusalén (558 a.C.). Luego conté hacia atrás siete (7) ciclos de años hebreos, lo que nos lleva a 4018 a.C. Convirtiendo esto a nuestro tiempo, la creación de Adán debe haber sucedido alrededor de 4068 a.C.

Mantuve la Tabla de Siete Mil Años en años hebreos debido a que los números revelan verdades ocultas que se perderían si las convirtiéramos a nuestro, y porque nuestros años solares y seculares no su superpondrían con las cronologías proféticas. Además, cualquier intento de fechar eventos antes del diluvio es casi pura conjetura. Los contextos geológico y astronómico de la tierra eran muy diferentes a los de nuestro tiempo. Podemos tan solo conjeturar respecto al largo de los años solares en el mundo anterior al diluvio. La mejor aproximación es 360 días porque esa es la duración que predomina en los calendarios antiguos.

Más adelante explicaré con más detalle la Tabla de Siete Mil años de Historia Humana, pero por ahora nos referiremos a la tabla que antecede, de Capítulos del Libro 1 y Alineamientos de Edades. Enfoquemos nuestra atención en la edad zayin de la historia humana.

Empezaremos con la famosa historia de Adán y Eva. Casi toda persona del mundo la ha oído, e incluso los que se han educado para ignorarla. Eso no es un inteligente, en realidad. Aquí aprendemos otro punto de vista, que surge del Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo. Añade otra perspectiva que usted tal vez no haya oído, especialmente si es cristiano sin trasfondo en el Antiguo Testamento.

La Caída de Adán y Eva

Después de muchos años de esta relación inocente y sin pecado con Dios, Adán y Eva fueron probados. Dios les había prohibido que comieran del fruto del árbol que les daría el conocimiento del bien y del mal. Pero Satanás tentó a Adán y Eva a que desobedecieran el mandato de Dios.

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Génesis 2:15-17).

Adán y Eva no pasaron la prueba. Deliberadamente escogieron el camino de la carne. Tan pronto como pecaron, perdieron sus cuerpos brillantes. Dios los expulsó del medio ambiente seguro de un jardín cercado a una vida de trabajo arduo y sufrimiento para sobrevivir en un mundo hostil. Perdieron su vida cómoda en entornos placenteros y su comunión diaria con Dios.

La primera pareja fue expulsada del huerto cuando tenían algo así como sesenta y cinco años de edad. El hombre al principio vivía mucho más que nosotros hoy, así que Adán apenas estaba llegando a la edad mejor para tener hijos al tiempo de su expulsión.

Estaban Desnudos

Después de que la primera pareja desobedeció a Dios sus cuerpos físicos quedaron desnudos:

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (Génesis 3:7).

Estoy convencido de que el estar diariamente en la presencia de Dios hacía que Adán y Eva relucieran con luz brillante. Esta luz cubría sus cuerpos naturales. Cuando el pecado entró en sus almas mediante la desobediencia y rebelión contra el mandamiento de Dios, la luz que los cubría desapareció y quedaron “desnudos.”

Baso esta creencia en un fenómeno similar registrado en otros lugares de la Biblia. La cara de Moisés irradiaba cuando bajó de la montaña después de haber estado en la presencia de Dios (Éxodo 34:33). Jesús, en el monte de la transfiguración exhibió la misma luminosidad (Mateo 17:2). La presencia de Dios evidentemente produce un cambio físico en la composición del cuerpo. Satanás, mientras estaba en la presencia diaria de Dios, tenía por nombre Lucifer, que quiere decir “portador de luz, brillante, el que brilla.” Ahora se le conoce por otros nombres.

Como resultado de su acto de desobediencia, Adán y Eva se convirtieron en parte del mundo caído preexistente, sujeto al plan predeterminado de Dios. Ahora quedaron destinados a la muerte, que acabará en el juicio.

Después de la Expulsión

Cuando Dios expulsó a Adán y Eva del huerto del Edén, les prometió un Redentor y un Reconciliador, que los restauraría a ellos y a sus descendientes a su posición anterior de comunión directa. Cuando Eva dio a luz a su hijo Caín, el primer nene de la raza humana, estaba llena de esperanza.

La Biblia registra sus palabras: «¡Con la ayuda del SEÑOR, he tenido un hijo varón!» (Génesis 4:1, nvi). Ella creía que Caín sería el redentor que los llevaría de regreso a la dimensión basada en cinco.

Pero el plan de Dios era que muchos hijos nacieran y murieran en la dimensión basada en siete. (Explicaré un poco más abajo las dimensiones basadas en siete (7) y en cinco (5), y las describo con mayor detalle en mi segundo libro, El Misterio del 17 de Tamuz).

En Juan 3:7 Jesús dijo: “Tienen que nacer de nuevo.” ¿Cómo puede ser esto? La muerte viene en dos etapas. La mayoría de nosotros veremos la “primera muerte” al fin de nuestra vida natural en nuestros cuerpos físicos. La “muerte segunda” tendrá lugar durante el juicio del Gran Trono Blanco al final de la dimensión tiempo.

Si “nacemos de nuevo” (nacer en la dimensión basada en cinco), de inmediato somos transformados a la vida eterna, aunque nuestros cuerpos permanecen en el mundo físico o natural de lo material (dalet = “este mundo en este tiempo”), que está programado para morir. Los que no “nacen de nuevo” quedan en el ciclo de muerte, y sus almas acabarán en el lago de fuego. Estos conceptos de la vida eterna serán mucho más entendibles conforme saquemos a la luz más hechos al seguir adelante en este libro. Por ejemplo, en el Capítulo 6 veremos que las personas tienen dos nacimientos y cómo esto se conecta con el ciclo de vida de la mariposa.

Después de que Adán y Eva se dieron cuenta de que Caín no sería su redentor, empezaron a forjarse una vida para sí mismos y sus hijos en la dimensión basada en siete. Esto no fue tarea fácil; pero Dios mismo había educado a Adán. Ambos eran extremadamente inteligentes, y pienso que probablemente Adán era diez veces más inteligente que el Dr. Alberto Einstein. Adán enseñó a sus hijos y nietos las destrezas que había aprendido. Siendo muy industriosos, llegaron a ser inventores de herramientas e instrumentos musicales. Incluso fabricaron hierro, lo que es un proceso extremadamente complejo.

A poco y debido a su rebelión contra las instrucciones de Dios, la estructura familiar se permitió tener más de una esposa, aunque esto nunca fue el ideal (Mateo 19:4-19). Algunas culturas modernas continúan esa práctica, pero la mayoría de personas del mundo occidental no quiere ni oír de tal idea. Lamec, en la sexta generación desde Adán, fue el primer polígamo de que se tiene noticia. Sólo a cuatro mujeres se mencionan antes del diluvio: Eva (esposa de Adán), Ada y Zila (esposas de Lamec), y Naama (hija de Lamec) :

Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama (Génesis 4:19-22).

Las Dos Dimensiones del Edén: Sistemas Basado en Cinco y Basado en Siete

A continuación haré una breve consideración de cómo aplicar mi descubrimiento de la “Piedra de Roseta” a la experiencia del huerto del Edén. La existencia sin pecado de Adán y Eva en medio de un huerto idílico, donde no había ni muerte ni decadencia, ha causado mucho debate y confusión entre teólogos cristianos y judíos. Ni siquiera puedo remotamente recordar haber oído que se explicara este tema en alguna Escuela Dominical a la que haya asistido.

Muchos eruditos cristianos erradamente les echan a Adán y Eva la culpa de una creación caída, como si Dios hubiera cometido un error y no hubiera sabido lo que pasaría con su creación. El Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo nos da una noción mejor de los misterios de las primeras experiencias de la primera pareja.

En mi segundo libro, El Misterio del 17 de Tamuz, describo lo que llamo mi descubrimiento de la “ Piedra de Roseta.” Así como múltiples idiomas en paralelo presentan el mensaje hallado en la antigua tabla de piedra egipcia, así múltiples dimensiones de realidad co-existieron en el relato del huerto del Edén. Una de estas dimensiones paralelas está organizada en un sistema basado en cinco y otra está estructurada en un sistema basado en siete. La gran tribulación se entiende bajo luz mucho mejor una vez que nos familiarizamos con este concepto.

Esta dos dimensiones, la una basada en cinco y la otra basada en siete, forman lo que yo llamo el código celestial binario. Cuando Dios creó a Adán y Eva los colocó en el huerto del Edén. Las letras hebreas para “Edén” son ayin, dalet, nun (70-4-50). Esto se puede interpretar como la naturaleza dual de la presencia de Dios (ayin = la suma total de este mundo en medio del mundo) en medio del mundo natural y uno de nivel más alto de 5 ó 50). En otras palabras Dios (alef, 1 = “Dios eterno”) creó una isla de la dimensión celestial (jeh, 5 = “el otro lado” basado en cinco o nun, la tierra prometida) en medio de la dimensión terrenal (dalet, 4 = “este mundo en este tiempo” basado en siete), pero este arreglo fue temporal y limitado (suma total 70) a la edad zayin de la tierra.

Mientras Adán y Eva permanecieron en el huerto del Edén vivieron en una dimensión en donde los efectos del tiempo de la edad zayin estaban suspendidos, pero después de que desobedecieron el mandamiento directo de Dios, se convirtieron en mortales y tuvieron que salir, porque en la dimensión jeh Dios no tolera el pecado en su presencia.

El huerto del Edén era como un ecosistema o mini medio ambiente que operaba en forma autónoma, encerrado bajo un domo dimensional o campo de fuerza de jeh. Dentro, todo operaba en la longitud de onda de la eternidad, como sucede en el cielo. Fuera del huerto, todo lo que Dios había creado existía en la dimensión tiempo (dalet).

Puesto que la dimensión dalet del tiempo (el dominio de Satanás) está sujeta a decadencia y envejecimiento, Dios le incorporó el ciclo de la vida, muerte y procreación, que es familiar para todos nosotros. El mundo de afuera (también llamado la dimensión basada en siete) quedó sujeto a Satanás. El propósito de Dios en esto fue probar que las acusaciones de Satanás eran erradas y que la rebelión contra un Dios santo va también en contra del mejor interés del ser humano. La dimensión dalet basada en siete ha sido y sigue siendo el escenario en donde se ponen en práctica los principios del bien y del mal.

Dios visitaba a Adán y Eva en el huerto, una dimensión jeh basada en cinco, todos los días al fresco de la tarde. Dios les advirtió que la dimensión dalet fuera el huerto le pertenecía al dominio de Satanás. Cuando Dios estaba ausente Satanás tenía permiso para andar por todo el huerto buscando maneras de derrotar los propósitos de Dios. Satanás fue el renuente agente de Dios para probar a Adán y Eva. Desde esta perspectiva, Satanás simplemente trataba de descarrillar el plan de Dios y destruir la hermosa relación que los recién llegados disfrutaban con Dios.

Dios había creado dos árboles especiales que producían fruta singular. Los colocó lado a lado en el huerto. El árbol del conocimiento daba fruto que conducía a una vida natural procreada en la carne, y el árbol de la vida llevaba fruto que conducía a una vida eterna característica de la dimensión celestial basada en cinco: El comer de este fruto le daría al ser humano la capacidad de coexistir para siempre en la dimensión jeh, que llamamos vida eterna.

El árbol del conocimiento ofrecía la dimensión dalet basada en siete de la vida procreada sexualmente, pero venía con un paquete añadido de experimentar el bien y el mal. Este paquete era como dinamita escondida. Dios les advirtió: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17).

Dios debía haber sido la única fuente de conocimiento para definir lo que es bueno o malo. Estoy seguro de que instruyó a Adán sobre esos árboles misteriosos, para que Adán no hubiera necesidad de experimentar el mal a fin de saber lo que era. En un sentido, el mensaje de Satanás fue que comer del árbol le daría a Adán independencia de Dios. El ser humano podría decidir por sí mismo lo que es bueno e incluso como es Dios. “¡No necesitas preguntarle a Dios al respecto!”, dijo Satanás. “¡Puedes hacerlo a tu manera! ¡Es tu derecho en tu libre albedrío!” Así nosotros, los seres humanos, desde entonces hemos buscado naturalmente por cuenta propia las respuestas a las grandes preguntas de la vida sin someternos a la voluntad de Dios. Más bien, nos apoyamos en nuestro intelecto individual o colectivo, y nuestra inquisitiva creatividad.

Dios les dio a Adán y Eva una alternativa. Podían quedarse en el Edén, en la dimensión celestial jeh, “el otro lado,” basada en cinco, y tener comunión continua con Dios, o podían escoger la dimensión basada en siete, carne, dalet, lo que también significaría separación de Dios. Debido a que el Edén era como una burbuja rodeada de la dimensión basada en siete, sujeta a los principios y leyes físicas de la naturaleza creadas para la biosfera de la tierra (dalet - 4 “este mundo en este tiempo”), Adán y Eva podía mirar a través de la barrera invisible que separaba a las dos dimensiones y observar lo que sucedía fuera del huerto.

Aunque fueron creados en la dimensión celestial basada en cinco, podían ver que la dimensión terrenal o carnal basada en siete estaba sujeta a las leyes de vida y muerte. Creo que el árbol de la dimensión basada en siete (carne) fue una tentación intensa para Eva, porque incluía el principio de la procreación física. Su cuerpo fue diseñado para procrear, y el observar a los animales teniendo crías hizo muy deseable el entrar en la dimensión de la carne.

La dimensión de la carne, que ofrecía procreación, fue incluso atractiva para los ángeles rebeldes que habían sido arrojados del cielo por seguir a Satanás. La Biblia informa que en el tiempo antes de Noé ángeles caídos de alguna manera procrearon con las hijas de los hombres. Para hacerlo tenían que dejar la dimensión celestial y unirse a la carnal, aunque Dios prohibió estrictamente esta actividad.

Enoc, testigo ocular que vivió antes del diluvio, dijo que los ángeles que hicieron eso están encadenados en el mundo de abajo porque dejaron su primer estado y se rebelaron contra el orden establecido (Judas 6). Miles de años más tarde Jesús enseñó que los ángeles del cielo no se casan. Después de nuestra resurrección, cuando volvamos a la dimensión celestial, tampoco nos casaremos, porque seremos como los ángeles del cielo (Mateo 22:30; Marcos 12:25).

Eva en particular observó que los animales en la dimensión tiempo basada en siete tenían crías, y anhelaba ser parte de ese mundo. Satanás se aprovechó de ese deseo. Una vez que halló que Eva era vulnerable, embelleció las superioridades de la dimensión basada en siete. Recuerde: Satanás es experto en la manipulación; previamente había convencido a una tercera parte de la población del cielo que se alineara con él en rebelión contra el plan y gobierno de Dios.

Satanás convenció a Eva que al escoger el fruto de la dimensión basada en siete, les iría mucho mejor. Implicó que ellos serían como Dios, creadores de nuevas formas de vida que serían tan buenas como las que Dios había creado, y durarían para siempre. Adán y Eva podían mejorar lo que Dios ya había dictaminado como “muy bueno.” La vida eterna se lograría mediante la procreación sexual, circunvalando con ello la advertencia de Dios de que la muerte resultaría del comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

“Puedes estar segura que no morirás,” mintió Satanás. Eva no sabía qué gran engañador era Satanás, lo es, y siempre lo será. Eva sucumbió a esta poderosa tentación de esta hermosa serpiente que andaba erecta. No se le ocurrió a Eva que su acto arruinaría la íntima comunión de Dios con ellos, y descarrilaría el plan de Dios para la humanidad.

Aunque Eva entendía muy bien que estaba desobedeciendo el mandamiento de Dios, creía que Dios tenía el poder de arreglarlo todo, así que con certeza podría arreglar cualquier error que ella pudiera cometer. Disfrutaba de la dimensión (celestial) basada en cinco pero anhelaba también la dimensión (de la carne) basada en siete. Así que, ¿por qué no “tenerlo todo” y vivir en ambas dimensiones? Ella quería lo mejor de ambos mundos, “tener el pastel y comérselo también,” como decimos en los Estados Unidos hoy. Se figuró que Dios simplemente uniría las dos dimensiones para beneficio de ella.

Miles de años más tarde podemos ver que el razonamiento de Eva no estaba muy despistado, pero estaba en conflicto con el plan de Dios para este mundo. Es más, su desobediencia violó la relación de confianza que ella tenía con Dios y con Adán. Sin embargo Dios honró los aspectos sinceramente buenos de su aciago deseo. Después del tiempo de la Gran Tribulación los descendientes de Eva vivirán simultáneamente en las dimensiones basada en cinco y basada en siete, como se describe hacia el fin de este libro.

Adán era muy feliz en la dimensión basada en cinco. No era gran cosa para él que el fruto de un árbol le estuviera prohibido. Estaba aprendiendo, directamente de Dios, sobre cómo funciona el universo, y el Señor le mantenía ocupado poniéndole nombre y catalogando a los animales y a las plantas. Sin embargo, Adán estaba enamorado de la mujer que Dios había creado para él. Cuando ella le dijo que había comido del fruto prohibido y le animó a que hiciera lo mismo, se vio frente a una decisión difícil.

Su esposa ahora estaba en la dimensión (de la carne) basada en siete. La luz radiante que solía emanar del cuerpo de ella había desaparecido. Ella era diferente, y estaba desnuda, con un cuerpo que había quedado sujeto a la decadencia y al tiempo. Con el tiempo ella envejecería, decaería y moriría. Si Adán seguía en el huerto, seguiría siendo joven y vigoroso para siempre. Después de ver a Eva envejecer y morir, él volvería a estar solo, sin una compañera idónea.

También sintió una poderosa necesidad de cuidar a su esposa, que había sido hecha de su propia carne. No podía dejarla simplemente desprotegida en ese mundo peligroso y hostil que ella había escogido. Algún ángel con certeza la hallaría y se la quitaría. Así que Adán también escogió desobedecer el mandamiento de Dios a fin de complacer a su compañera y ayuda idónea, y evitar tener que separarse de ella.

Después de sus actos de desobediencia, Adán y Eva se escondieron de Dios cuando él vino a visitarlos en el huerto. Adán amaba tanto a su esposa Eva que hubiera muerto por ella. Le suplicó a Dios que le permitiera redimirla, pero Dios dijo: “No; yo voy a ser el Redentor.”

Esta separación de la comunión fue el precio de su insubordinación. Habían experimentado el mal, y su conciencia culpable había sido activada. Ahora pertenecían a la dimensión zayin basada en siete, en donde las maldiciones del dominio de Satanás, de engaño, dolor, enfermedad, lágrimas, guerra y muerte, les esperaban en lugar de su mentira de vida eterna de bendición poderosa.

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado (Génesis 3:22-23).

Adán y Eva fueron exiliados del huerto. Dos querubines los acompañaron hasta la entrada, que ahora se convirtió en la salida guardada por una espada ardiente que se revolvía por todos lados. Esta espada les decía que el camino al árbol de la vida eterna estaría lleno de las herramientas de la dimensión zayin basada en siete (7 = zayin, que quiere decir "espada, contienda").

Zayin es la edad del tiempo histórico y profético cuando la humanidad experimenta la vida como una mezcla inseparable de bien y de mal bajo el dominio de Satanás. El dolor y las pruebas sufridas dentro de la dimensión dalet durante esta edad zayin abarca toda la historia humana.

Dirigiéndose a la salida del huerto Dios también pronunció una maldición sobre Satanás, que todavía seguía disfrazado como una hermosa serpiente. Desde entonces y en adelante, la serpiente ya no sería una criatura atractiva; comería el polvo de la tierra. No se puede descender más abajo del polvo de la tierra.

La dimensión basada en siete está impregnada de los principios de la naturaleza terrenal por diseño. La dimensión dalet, “este mundo en este tiempo,” un día terminará, porque la tierra fue creada para ser solo temporal. Dios anunció que antes de que la dimensión (de la carne) basada en siete termine, ¡la cabeza de Satanás será aplastada permanentemente y su poder roto para siempre!

Pero la derrota de Satanás vendría a un precio muy alto, que sería pagado por la simiente de Eva. El Hijo de ella, que sería nuestro Redentor, sufriría intenso dolor, inflingido sobre él por la serpiente. Dios mismo sentiría el dolor. En el futuro habría otro huerto, el huerto del Getsemaní, un olivar, donde este Redentor, revestido de humanidad, experimentaría una prueba tan intensa que un ángel tendría que venir para fortalecerle (Lucas 22:39-43).

Notando que la tentación que Eva enfrentó había demostrado ser más fuerte que el deseo de ella por agradar a Dios, el Señor le dijo a Eva: “Vas a tener hijos, y el dolor del alumbramiento aumentará grandemente. Yo podía haber dado satisfacción a tu deseo, si hubieras acudido a mí, pero no viniste” (Génesis 3:16, paráfrasis mía). Incluso hoy muchas mujeres claman a Dios pidiéndole que las libre durante los dolores del parto.

Con el tiempo el huerto del Edén quedó oculto por la vegetación y árboles que crecía a su alrededor, desapareciendo de la vista y conocimiento del hombre. El árbol prohibido de la dimensión basada en siete se pudrió y murió. El prístino huerto de la dimensión basada en cinco y el árbol de la vida fueron trasplantados a la ciudad de Dios, Ciudad Satélite suspendida. (Una descripción de esta ciudad de forma de pirámide consta en los últimos capítulos de la Biblia y en mi segundo libro El Misterio del 17 de Tamuz).

Las hojas del árbol de la vida contienen drogas poderosas que pueden curar enfermedades incurables de la dimensión basada en siete, de la tierra. Los que nazcan después de la gran tribulación tendrán acceso a ese árbol. Los santos resucitados recogerán las hojas sanadoras del árbol de la vida y se las darán a los pobladores de la tierra que las necesiten (Apocalipsis 22:2).

La dimensión celestial basada en cinco es todavía una alternativa para muchos en la tierra. Está disponible como dádiva gratuita. El pasado está fraguado en cemento, pero su futuro no. ¿Qué va a escoger usted?

Así como la letra hebrea dalet representa el número cuatro (4), el plan de Dios tiene cuatro columnas que lo soportan en la dimensión dalet, para abarcar toda la historia humana. Estos cuatro pilares son dos hombres y dos mujeres. La Biblia los describe como:

  1. El primer Adán (de la dimensión de carne basada en siete).
  2. El segundo Adán, Jesucristo (de la dimensión celestial basada en cinco).
  3. La primera mujer, Eva, cuyo hijo, Caín, fue el primero que nació dimensión (de la carne) basada en siete.
  4. La mujer María, cuyo hijo, Jesús, fue el primogénito de la dimensión (celestial) basada en cinco.

Caín nació bajo el dominio de Satanás en la dimensión basada en siete. Se convirtió en el primer asesino, que quitó la vida (Génesis 4:8). Por el Espíritu Santo María concibió y dio a luz a Jesús, el Redentor. Él llegó a ser el dador de la vida de la dimensión basada en cinco. Aunque Jesús nació de una madre de carne, nació sin pecado porque su Padre era Dios. En tanto que Adán fue un hijo creado, Jesús es el Hijo unigénito. Su linaje espiritual venía del árbol de la vida, y no del árbol del conocimiento. El apóstol Pablo nos dice:

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial (1 Corintios 15:45-49).

Este pasaje bíblico, como la línea férrea que tiene dos rieles (las tradiciones hebrea y cristiana), revela el propósito de Dios al crear al ser humano en la dimensión dalet ("este mundo en este tiempo"). Eva logrará en el futuro lo que quería. Dios honrará su sueño y lo hará realidad. El sistema basado en cinco será unido con el sistema basado en siete después del 2018. Dios unirá ambas dimensiones para beneficio de la humanidad; tal como las unió en Jesús. Él planeó que los santos futuros vivan simultáneamente en la dimensión terrenal (o de carne mortal) basada en siete y en la dimensión celestial basada en cinco (vida eterna resucitada) durante la tercera civilización, tal como lo fue en el principio.

La Jerusalén celestial de la dimensión jeh estará en órbita sobre la tierra de Israel. Sólo el primogénito (que son los santos resucitados, como lo explicaré en detalle más abajo) tendrá acceso a la ciudad celestial, que conectará la dimensión basada en cinco con la dimensión basada en siete. La experiencia del huerto, con su comunión íntima con Dios, volverá a tener lugar y continuará hasta que termine la edad tet. El Dios eterno, que creó el universo, con miles de millones de seres extraterrestres (ángeles) a su mando, volverá a residir en este finitamente diminuto planeta en los extremos de la Vía Láctea, y la comunión con los seres mortales será restaurada.

Después del la gran tribulación la dimensión basada en siete continuará por otros mil años durante la edad tet, pero Satanás ya no tendrá dominio sobre ella, porque él estará encadenado en las profundidades del abismo. Al fin del milenio Satanás será arrojado al lago de fuego junto con sus víctimas: los seres humanos perdidos y los ángeles corruptos llamados demonios.

Nombres y Números

El idioma hebreo añade otra perspectiva a nuestra comprensión del relato bíblico del huerto del Edén. Debido a que fue dado por Dios, el hebreo fue el único idioma que sobrevivió al diluvio, y sepultado en la estructura alfanumérica de esa lengua yace un tesoro no descubierto para los que se inclinan por la filosofía.

Cuando leemos las traducciones de la Biblia a otros idiomas por lo general captamos sólo un nivel de comprensión. Poder leer la Biblia en los idiomas originales hebreo, arameo y griego, enriquece nuestra comprensión. Esto es particularmente cierto con los libros escritos en hebreo, porque ese idioma posee otro nivel integral en su estructura: un sistema numérico que revela relaciones interpretativas entre palabras, conceptos y revelación profética de los planes de Dios para la humanidad.

Los ricos matices del poder poético y las corrientes concurrentes de comunicación contenidas en el hebreo original no se pueden traducir por completo. El descubrir las gemas de información del hebreo bíblico llega a ser una investigación separada para los que buscan nociones espirituales más hondas en la infinita palabra de Dios. Es una cacería de tesoros para los eruditos en todo nivel de competencia.

Yo no he recibido educación en las profundidades del hebreo o su sistema numérico del alfabeto, pero con todo me entusiasma cuando hallo una nueva perla que ilumina más la palabra de Dios. Mientras escribía este libro me entusiasmaba cuando descubría alguna nueva idea, perspectiva o confirmación de los “engranajes del reloj” dentro de mi estudio continuo del hebreo bíblico.

Espero que usted no se frustre mucho por lo que parece ser simbolismo extraño. Si le parece algo confuso al principio, no se preocupe. Recuerde: la comunicación eficaz es un don especial, y el conocimiento por lo general viene en pequeños trozos, como un ladrillo o piedra que se añade a otro para construir una casa. Los engranajes del reloj los explico en mi segundo libro, El Misterio del 17 de Tamuz.

Ahora, veamos algunos de los números hebreos interesantes que descubrí.

¿Qué Significan “1 - 4 - 40 – 400”?

Ahora usted va a quedar expuesto un poco a lo que yace enterrado dentro del Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo. Si no lo entiende al principio, simplemente siga leyendo de todas maneras, y siga el texto. Tiene sólo unas pocas páginas. Es importante que vea una muestra de cómo la Biblia, como libro hebreo, comunica en varios niveles de comprensión. Mediante ella podemos captar nociones del plan de Dios para la humanidad y el universo futuro. Es parcialmente de estas nociones que descubrí las fechas de la gran tribulación.

Los nombres de la primera pareja humano son significativos. El concepto hebreo para Adán y Eva se deletrea alef-dalet-mem-tau. Según el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo esto se puede expresar como 1-4-40-400. De este modo, la primera pareja fue creada por Dios (1) para vivir "en este mundo en este tiempo" (4), y para morir (40); toda la vida humana se termina al fin de este mundo (tau = 400).

El nombre del hombre, como ser creado (Adán) se superpone con el sistema numérico antiguo del alfabeto hebreo y se deletrea alef-dalet-mem. Según el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo esto se puede traducir numéricamente como 1-4-40. Los atributos de Eva, como lado femenino de la creación, expresan la capacidad para la procreación en la carne. Estos atributos se comunican con dalet-mem-tau (4-40-400).

Nótese la repetición de la dalet (4 = que quiere decir "en este mundo en este tiempo) y mem (40 = “dado su propósito”) en ambos nombres. El modelo inicial (alef = 1) de la creación de Adán (1 = alef) se extiende mediante la adición de Eva. La dimensión tiempo es limitada y llegará a un fin con propósito (como se expresa con 400 = tau, que quiere decir “cruz”). La vida humana se terminará al fin de este mundo (tau = 400, que quiere decir “cruz”; concepto que abarca la región más externa de existencia del mundo material).

El nombre de Adán empieza con alef (1), que representa al Dios eterno, el Creador. Dios es el principio de la existencia del hombre. Nótese que el nombre de la mujer (dalet-mem-tau) no contiene el uno (alef = 1), porque fue formada de Adán. Dios no usó el polvo de la tierra para crear a Eva y luego soplar en ella la vida ruaj, como lo hizo con Adán. En lugar de eso, Dios usó material genético del costado de Adán (una costilla).

Eva fue formada partiendo de Adán, y fue formada como mujer. En la unión del hombre y la mujer la “vida” puede ser renovada mediante el renacimiento físico, al parecer para siempre. Lo que es asombroso es que la mujer tiene en sus cromosomas significativamente mucho más material genético que el hombre. Al formar a Eva, Dios miró hacia adelante a todo el tiempo y especialmente a la simiente prometida.

Cuando un pato se posó en mi lago hace poco, reconocí al mismo pato que Adán vio en el suyo. La forma de la vida del pato no ha cambiado en 6.000 años. Pero el nombre compuesto Adán-Eva termina en tau=400, lo que indica que toda la vida creada para la dimensión dalet llegará a su fin en algún momento predeterminado. Los ciclos continuos de vida mortal parecen ser como el tiempo que nunca terminará, pero se acabará por la mano de Dios tal como lo significa la letra tau.

Dios no le puso nombre a la esposa de Adán. Él simplemente la llamó “mujer” (ishá), porque fue creada del hombre (ish). La palabra “mujer” se deletrea en hebreo alef-shin-jeh (1-300-5). Difiere de las letras que se usan para el hombre (ish), que se deletrea alef-yod-shin (1-10-300). En donde el alef-yod (10) en “hombre” (ish) indica una responsabilidad dada por Dios por su esposa, ambos hallarán su carácter completo divino (shin = 300, 3 x 100) juntos. La jeh final en ishá significa que la esperanza de inmortalidad que alberga la humanidad, su ventana al otro lado, un día tendrá lugar por medio de un niño nacido de la mujer. Mientras tanto la continuidad de la humanidad también tendrá lugar mediante el nacimiento de hijos.

Después de la caída Adán le puso nombre a Eva (Génesis 3:7). "Eva" se deletrea jet-vau-jeh (8-6-5). Numéricamente, esto expresa el concepto de que por medio de Eva vendría una nueva creación (8 = jet, "un nuevo comienzo " o "una nueva creación "), conectando la carne (6 = vau, "conectar" o "carne") a la eternidad (5 = jeh, "el otro lado").

Así, la esperanza de continuidad de la humanidad en lo que se puede ver se halla en el nacimiento de hijos, pero el nombre Eva, jet-vau-jeh (8-6-5) enfatiza la esperanza de que “todo lo vivo” verdaderamente yace en la eternidad perdida e invisible a que se alude proféticamente en Génesis 3:15. Así, la expresión numérica de “Eva” se pudiera traducir como “Por ella vendrá un nuevo comienzo, una nueva creación (8), para conectar la carne (6) a la eternidad del otro lado (5).”

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar (Génesis 3:15).

El nombre combinado de Adán y Eva (alef-dalet-mem-tau) es simbólicamente representativo de toda la humanidad. Hay que recordar que las letras de sus atributos reunidos producen la oración alfanumérica de alef-dalet-mem-tau, ó 1-4-40-400. Este nombre combinado se puede expresar en palabras de la siguiente manera: “La humanidad fue creada por Dios (1) para vivir en este mundo en este tiempo (4), y morir (40), pero no puede vivir más allá de este mundo o universo (400).” Debe familiarizarse con los números de 5-50-500, que se conectan con el nuevo nacimiento, la resurrección y la vida eterna.”

Si llegamos a la muerte física (40) sin habernos conectado (vau) con el Dador de vida eterna, Jesucristo, encontraremos la muerte física y espiritual (400). Los muertos no arrepentidos no tienen su nombre en el libro de la vida (Apocalipsis 20:12) y en el libro de la verdad (Daniel 10:21). En el ámbito espiritual no tienen nombre, y es como si nunca hubieran existido. El Capítulo 6 provee más información sobre este tema, bajo el subtítulo de “El Número 666.”

Por Qué un Mediador Divino Nació en Carne

Esta esperanza de un Hijo divino de una mujer mortal para redimir del juicio divino de mortalidad y muerte a la humanidad caída se evidencia por el pronunciamiento de Eva cuando nació Caín, en Génesis 4:1. Traducido literalmente del hebreo, Eva expresa su convicción de que Dios ya le ha cumplido lo prometido con el nacimiento de su primer hijo cuando declara que Caín viene del SEÑOR (Yahvéh).

El hombre se unió a su mujer Eva, y ella concibió y dio a luz a Caín. Y dijo: «¡Con la ayuda del SEÑOR, he tenido un hijo varón!» (Génesis 4:1).

[Nota: La expresión “con la ayuda de” ( nvi) o “voluntad de” ( rvr) que se halla en algunas versiones de la Biblia, no constan en el hebreo original, sino que han sido añadidas por los traductores para facilitar la comprensión del versículo. Debería decir: “He adquirido un hombre niño que (prometió) el Señor].

IMPORTANTE: La expresión “su simiente” en Génesis 3:15 es una paradoja imposible que predice el nacimiento virginal, porque por definición “simiente” es la esperma del varón, que naturalmente está ausente en la mujer. En el nacimiento virginal de Jesús el Espíritu Santo milagrosamente sustituyó por las funciones generadoras de vida del semen (Mateo 1:18; Lucas 1:35; Juan 1:12-14).

De esta manera un futuro niño Jesús nació de Dios y de una mujer mortal, sin la intervención de la simiente de un hombre. El apóstol Pablo se refirió a Jesús como un “segundo Adán” milagroso, que puede restaurar a toda persona la libre alternativa al árbol de la vida por la fe en él (1 Corintios 15:14-15, 45-48).

Jesús, el Dios encarnado del universo, nació como el Mediador necesario para la humanidad en las dimensiones dalet. Como mediador que pertenece a cada dimensión también opera en ambas dimensiones. Jesús fue la puerta entre las dos, como en mi ilustración del espejo.

El espejo muestra solo el reflejo de la cosa real que está frente a él. En mi analogía el reflejo es nuestro mundo material en que vivimos, y en el sistema hebreo se le llama dalet porque pertenece a este tiempo, y “este mundo” es representado por el número cuatro. Lo que hacemos en el mundo material se refleja en la realidad espiritual de quienes somos desde la perspectiva de Dios en el cielo, la dimensión jeh.

Jesús vino a la tierra del lado real del espejo, que es jeh, “el otro lado,” expresado por el número cinco. Su vida fue más como una ventana que un espejo, porque lo que sea que Jesús hizo durante sus años entre su nacimiento y su muerte en la tierra revelaron directamente las realidades celestiales (jeh) de la dimensión basada en cinco. Su vida impactó directamente y cambió no sólo las cosas en la dimensión dalet (salvación para la humanidad, nuestro mundo), sino también las cosas en el cielo. Más adelante hablaré en más detalle de estas cosas celestiales.

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará cosas todavía más grandes, que los dejarán a ustedes asombrados. Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, también el Hijo da vida a quienes quiere dársela. Y el Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado a su Hijo todo el poder de juzgar, para que todos den al Hijo la misma honra que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre, que lo ha enviado (Juan 5:19-23).

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad (Juan 5:30-33; véase también Juan 8:19, 23-26, 38; 14:6-15).

Desde el momento de su resurrección hasta el presente Jesús ha estado obrando la voluntad de Dios por medio de su contraparte humana en la tierra, sus discípulos. Leemos en la Biblia que después de su resurrección él anduvo, habló, comió, tocó y lo tocaron sus familiares y amigos fieles (Lucas 24:13-32, 36-41; Juan 20:27).

En total más de quinientos testigos se reunieron con él. Incluso sus medio hermanos antes de su resurrección no creían que Jesús sea algo más que humano (1 Corintios 15:6-8). Jesús dejó esta tierra con la promesa de que volvería. La próxima vez vendrá con el poder de la dimensión jeh, que estremecerá a la tierra.

Volviendo a la experiencia del Edén, Adán, el primer humano fue creado de humus, o tierra, los elementos de nuestro mundo material. Cobró vida cuando Dios infundió su aliento o su espíritu en su cuerpo de tierra (Génesis 1:26-31). Dios dijo que los seres humanos fueron hechos a su imagen y conforme a su semejanza para mandar sobre todas las criaturas de la tierra (Génesis 2:15).

Dios le ordenó a Adán que trabajara y preservara la tierra. Era su trabajo innegable. Cuando Dios establece las estructuras y leyes de su creación, ni él puede cambiarlas después. La naturaleza fue establecida de modo que incluso el Creador debe apegarse a lo establecido. Si no, entonces las consecuencias estallarían en caos tan severo que la tierra se volvería inhabitable, lo que es contrario al propósito de Dios (Isaías 45:18; Génesis 17.17; Deuteronomio 7:9; Juan 10:35).

No olvidaré mi pacto,
Ni mudaré lo que ha salido de mis labios

Una vez he jurado por mi santidad (Salmo 89:34-35).

Cuando Dios desea cambiar las cosas en la tierra, en la dimensión dalet, debe obrar por medio de agencia humana de Adán y Eva y sus descendientes. A ellos les fue dado el dominio desde el principio de su existencia en la tierra. La humanidad tiene ahora la autoridad sobre todo lo que tiene vida. Pero debido a Adán y Eva la humanidad ahora debe compartir ese dominio de la dimensión dalet con Satanás.

El aliento divino sobre la tierra, que es “vida” en la dimensión dalet de esta tierra y tiempo quedó corrupta. Todo lo que era bueno quedó inseparablemente mezclado con el mal como resultado de escoger el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Así Satanás llegó a ser el “príncipe de la potestad del aire, . . . que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2).

La decisión de Adán y Eva de pecar acarreó la pena de muerte sobre ellos mismos y todos sus descendientes: ¡nosotros! Y por el temor a la muerte Satanás esclaviza las naciones, hasta el nivel más bajo, a la familia y todo miembro de ella (Hebreos 2:15). Como resultado de haberse enredado con la serpiente, toda persona necesita ser redimida, porque ahora estamos por naturaleza infectados por el mal y sujetos a la muerte. Dios no puede hacer nada al respecto desde la dimensión jeh. El Padre solo puede contemplar como nuestra civilización se precipita por el abismo de una destrucción inflingida por nosotros mismos, impulsada diabólicamente y absoluta.

Las leyes que gobiernan la dimensión dalet funcionan ciegamente sin excepción. El sistema dalet es incapaz de misericordia, porque sus leyes son impuestas automáticamente por la inmutable palabra de Dios. No puede usar todo el poder de creatividad del universo que tiene a su disposición, a menos que nosotros le permitamos obrar por medio de nosotros por petición nuestra y por su Espíritu. Su amor incomprensible y perfecto no puede salvarnos sin nuestra decisión voluntaria de expresarle humildemente nuestra necesidad.

En otras palabras, la dimensión dalet está gobernada también por leyes estrictas de conducta, y el dominio de Satanás las impone. Él anota constantemente nuestras acciones en una cuenta en la que todos siempre somos deudores. Conforme avanza la vida, nuestras deudas aumentan, y las leyes del universo exigen el pago que es nuestra propia muerte. La dimensión dalet fue diseñada para que tenga un fin; con ella terminará todo lo que existe en la tierra que nosotros conocemos.

En el otro lado (jeh) se halla la balanza de justicia y el potencial para misericordia total. Puede proveer perdón de toda deuda de pecado y muerte. El sacrificio de Jesús puede liberarnos de la pena que la ley exige y de la esclavitud al dominio de Satanás (Colosenses 1:13; Hebreos 2:14). Cada lado es rígido, insistiendo en su propia consistencia para que el universo opere racional y en forma predecible. Toda persona queda atrapada en él, y todos a fin de cuentas pereceremos por el peso de la demanda de la ley. Para que haya un puente de la dimensión mortal dalet y darle al ser humano otra oportunidad, Dios ha iniciado un nuevo contacto o pacto que podemos validar por nuestro libre albedrío. Nos da la oportunidad de deshacer el error original de Adán y Eva, y volver a la dimensión jeh de la eternidad.

Debido a su naturaleza de amor perfecto, Dios no tuvo otro remedio que redimir a la humanidad. La única manera fue nacer él mismo en la dimensión de la carne (dalet), nacer de mujer a fin de llegar a ser el mediador como el DiosHijo. Primero tuvo que captar nuestra atención al abrir nuestros ojos a las realidades de la dimensión celestial jeh. En segundo lugar, tuvo que cerrar la brecha insalvable entre jeh y la realidad material de dalet. Esta brecha sigue siendo naturalmente insalvable debido a las leyes que obran en cada dimensión. Ningún lado puede suspenderlas unilateralmente, ni tampoco se las puede revocar sin rehacer por completo el universo. La edad del nuevo cielo y la nueva tierra que vienen se expresa el sistema numérico hebreo mediante la edad yod.

Hace dos mil años Dios nació en la dimensión dalet, de una mujer, y se reveló en la persona de Jesucristo, a fin de persuadir a los seres humanos a volverse de sus malos caminos y volver a él. Desde la perspectiva hebrea, Dios ha guardado sus promesas a Abraham y ha cumplido ambos lados del pacto del que brota la vida eterna (Génesis 15:6, 17; Gálatas 3:6-14).

Ahora los seres humanos tienen la oportunidad de nacer de nuevo. Podemos ser libres del dominio del pecado y de la muerte, para efectuar cambios para bien en la edad presente de la dimensión dalet. Debido a que Dios mismo se hizo hombre y fue herido por nuestras transgresiones, por fe podemos recibir la realidad de su Espíritu que mora en nosotros. Este Espíritu es nuestro eslabón con la dimensión jeh, y crea una nueva realidad allí que se cumplirá cuando Jesús vuelva para gobernar la tierra en el futuro (Romanos 9:9-17; 1 Corintios 15:20-57).

Debido a su libre albedrío las personas tienen el poder de escoger y hacer lo que se les antoje, para bien o para mal. Dios ahora nos ruega que escojamos la vida obedeciendo lo que está escrito en la Biblia. Es nuestra única oportunidad de deshacer la antigua equivocación de Adán y Eva, porque el DiosHijo pagó en la cruz el precio de todos nuestros pecados. Satanás hizo que el pecado entrara en la dimensión dalet al engañar a Eva y a Adán, pero Dios contrarresta eso al nacer de una mujer para invertir la ley del pecado y de la muerte.

Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro (Romanos 5:12-21).

Jesús es el único mediador en este mundo y en esta dimensión tiempo (dalet) que mediante el sacrificio de su vida perfecta rompió el estancamiento al pagar las deudas que todos hemos acumulado. Recibir la vida que él ofrece ¡es escoger el otro lado! Si no, entonces la consecuencia inevitable de la muerte eterna es segura.

Cuando una persona reconoce su necesidad, debe pedirle ayuda al Dios Mediador. Eso es la oración. Sólo cuando el ser humano le da permiso puede Dios actuar. Jesús les dijo a sus discípulos que podrían mover montañas. Esta es una hazaña increíble en la dimensión dalet, pero con la poderosa ayuda de la dimensión jeh, no hay problema en mover montañas. Todas las fuerzas de la dimensión celestial están a nuestra disposición, siempre y cuando lo pidamos de acuerdo a la voluntad perfecta de Dios.

Lo que sea que usted le pida al Padre celestial, ¡él puede hacerlo! Él está esperando para ayudarnos porque nos ama. Pero no podemos pedir algo que se pudiera convertir en mal. Debemos pedir en justicia, teniendo la mente de Dios. La oración, entonces, se vuelve una fuerza poderosa por la que se pueden hacer cambios en la dimensión dalet. Mediante la oración le pedimos y le damos permiso para que actúe en nuestras vidas de acuerdo a su amor perfecto. Si no tenemos en esta vida, es porque no pedimos (Santiago 4:1-4). ¿De qué tamaño es Dios en su existencia dalet-zayin?

En tanto que Dios todavía ruega con palabras, pronto expresará su desagrado con plagas. De eso es de lo que trata la gran tribulación: el arrepentimiento de toda persona. Le he pedido a Dios en oración que 100 millones de personas de todo el mundo lean mis libros sobre la gran tribulación para que se vean frente a la oferta divina de la vida eterna en un ambiente de belleza, alegría y amor. Tal vez él demore un poco su juicio, tal como lo hizo con la ciudad de Nínive en la antigüedad, cuando la ciudad entera se arrepintió, desde el rey hasta el criado más plebeyo. Nínive experimentó una demora en el tiempo de su destrucción a la larga, lo que sucedió más tarde según registra la historia.

Mis libros también envían una advertencia de que usted debe pagar su deuda, o atenerse a las consecuencias. Las respuestas a oraciones que a mí me parecen imposibles, existen dentro del poder de Dios para realizarlas. A Él le encanta darnos sorpresas. La oración es fe en acción, siempre y cuando caiga dentro de la integridad de Dios y no viole su carácter y propósitos. Satanás una vez estaba muy cerca de Dios, así que sabe y conoce el poder de la oración, así como las demás leyes y principios de la creación. Por eso es tan efectivo como adversario.

Felizmente Satanás no es omnisciente y no puede estar en todas partes al mismo tiempo. Él detesta la oración ferviente porque es el poder por el que se le puede derrotar. Por siglos hizo lo posible e imposible tratando de impedir que Dios nazca en la raza humana. Desde la resurrección de Jesús ha trabajado efectivamente para impedir que las personas nazcan en la familia de Dios. Es implacable.

Satanás usará cualquier método para desviar, derrotar, destruir y asesinar a cualquier persona en todas partes del mundo, a fin de impedirle un encuentro con Dios. Los cristianos y judíos son sus blancos favoritos; pero el enemigo tiene sólo poder limitado para trastornar los buenos propósitos de Dios para la humanidad durante esta edad zayin. Su dominio llegará a su fin cuando sea encadenado en el abismo debajo de esta tierra, al final de la gran tribulación, como lo describo en el capítulo 7.

El Diluvio en Días de Noé: La Destrucción de la Primera Civilización (2288 a.C.)

Continuemos ahora por el ferrocarril de la crónica de la humanidad. El diluvio barrió toda la historia humana, y muy poco se nos revela en la Biblia de la primera civilización y de la historia antigua. Por todo el mundo muchos mitos antiguos cuentan casi lo mismo, pero difieren entre sí dependiendo del contexto de cada cultura en particular. A menudo las diferencias entre los varios cuentos folclóricos de un diluvio universal se pueden explicar mediante las diferencias de sus escenarios culturales.

Las 14 Estaciones Ferroviarias

Le animo a leer el relato bíblico del gran diluvio, incluyendo los pasajes que describen el mundo antes del diluvio. La Biblia indica que la humanidad alcanzó un alto grado de tecnología, que no ha sido superado, ni siquiera hoy. La mayoría de la evidencia de esa edad se perdió por completo en el diluvio, pero sí sabemos que estas antiguas tecnologías contaminaron la tierra e incluyeron aberraciones genéticas que violaban el diseño divino original.

Ángeles rebeldes cohabitaron con mujeres para producir descendientes con genes humanos modificados. La división de genes también queda implicada en las antiguas mitologías de todo el mundo. Muchos de los antiguos relatos y mitos tal vez se originaron en recuerdos anteriores al diluvio que pasaron oralmente de generación en generación. Algunos de estos mitos cuentan historias de seres medio humanos y medio animales, tales como sirenas, hombres leones o esfinges, hombres pájaros y hombres caballos. Su apariencia se puede ver en el arte y arquitectura antigua mesopotámica, griega y egipcia.

Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho (Génesis 6:4-7).

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, . . . y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente (2 Pedro 2:4-6).

Sólo una familia de ese tiempo halló gracia en los ojos del Señor. Un hombre y su esposa fueron “sin defecto,” lo que se puede interpretar como que sus generaciones precedentes no habían sido alteradas genéticamente. También eran “sin culpa” (tamiim). La misma palabra hebrea se usa para describir a Noé.

Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé. Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet (Génesis 6:8-10).

Dios le dijo a Noé:

He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera (Génesis 6:13-14).

Dios le dio a Noé instrucciones exactas y específicas sobre cómo hacer el arca, incluyendo dimensiones, materiales y diseño. Luego le dio a Noé una predicción, una promesa, y le asignó una tarea:

Y he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que hay en la tierra morirá. Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.

Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie entrarán contigo, para que tengan vida. Y toma contigo de todo alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos (Génesis 6:17-21).

Noé hizo todo exactamente tal como Dios le ordenó (versículo 22). Cuando cayó el diluvio todo el mundo fue destruido excepto las personas y animales que estaban en el arca.

Muchos libros para niños muestran el arca como un barco plano con una casa encima y animales mirando por las ventanas. Sin embargo, la Biblia específicamente menciona que no había ventanas en el arca, y Dios selló la única puerta por fuera (como lo hacemos con los vehículos espaciales hoy).

El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches (Génesis 7:11-12).

El relato bíblico del diluvio habla de que se abrieron los cimientos del mundo, lo que puede haber sido resultado del impacto de algún asteroide. Esto hizo que las montañas se elevaran, lo que resultó en un tremendo deslizamiento y ruptura de la superficie del planeta. Los océanos deben haber experimentado gigantescas marejadas más grandes que el tsunami de la navidad del 2004, que devastó el sur de Asia y que según los noticieros mató a 300.000 personas, dejó si vivienda a varios millones de personas y barrió negocios en escala masiva. Para causar semejante destrucción global como la descrita en la Biblia, el eje de la tierra debe haberse movido durante el diluvio en los días de Noé, tal vez unos 90 grados. Sólo un barco parcialmente sumergido, como el arca, podía haber sobrevivido a un evento tan catastrófico.

La Biblia profetiza que otro gigantesco asteroide se estrellará en la tierra durante la gran tribulación. Esto causará muchos cambios geológicos, pero no serán tan dramáticos como sucedió en el tiempo de Noé, porque Dios dijo que nunca más volvería a destruir la tierra con agua. Habrá miles de sobrevivientes en toda nación para volver a poblar un planeta pacífico.

Nótese la fecha en que empezó el diluvio: el día diecisiete del segundo mes del año seiscientos de la vida de Noé. En el Sistema Numérico del Alfabeto Hebreo el número diecisiete (17) representa "victoria." Al diluvio tal vez no se lo pueda ver como victoria desde la perspectiva humana, pero Dios estaba corrigiendo algo que se había dañado totalmente cuando los seres humanos pecadores empezaron a arruinar su mundo perfecto. El número dos (2) corresponde a bet, que significa “esta casa,” lo que puede referirse a la tierra.

El número seiscientos (600) se expresa como 100 x 6. Cien representa alef, el Dios uno, en tres dígitos, lo que indica el nivel más alto del dominio de Dios. Seis (6) está conectado a vau, que representa pecado y la carne. Mediante el diluvio Dios obtuvo la victoria sobre el pecado que se había extendido sobre la tierra.

El Reloj Mundial de Cuclillo, que presento en detalle en el Capítulo 10, muestra un segundero que marca el juicio divino, que será otro tiempo de corrección principal para este planeta. En la Biblia se revela relativamente poco respecto a la primera destrucción mundial de la tierra, pero es suficiente para darnos alguna noción de lo que nos espera por delante a nosotros hoy. El escenario moral e histórico del diluvio se puede entender en nuestros tiempos debido a los avances modernos en tecnología que rivalizan los logros científicos de la primera civilización.

Por supuesto, muchos eruditos no están de acuerdo con la idea de que una civilización anterior pudo haber sido tan avanzada como lo somos nosotros hoy, pero eso se debe a una educación basada en información errada que se basa en los mitos de la evolución. La teoría evolucionista crea barreras de prejuicios que impiden que las personas reconozcan la abundante evidencia geológica, arqueológica e histórica del diluvio. Esto es así aunque se vean frente a una montaña de información fidedigna.

Comparando con la historia antigua nuestros niveles presentes de tecnología genética manipulativa llegué a la conclusión de que si no se hubiera detenido a la avanzada tecnología anterior al diluvio, esa civilización hubiera causado un daño irreversible a la creación divina en esta tierra. La naturaleza hubiera quedado alterada permanentemente. Usted y yo no estaríamos en la tierra hoy, y la Biblia nunca habría sido escrita. El plan de Dios para la humanidad hubiera tenido que seguir un curso diferente.

La Biblia registra la vida de Noé como estando hacia el fin de los primeros 1.715 años de historia de la humanidad, contándolos desde 4004 a.C. Este ciclo se muestra en la Tabla de los Siete Mil Años de Historia Humana. Miramos casualmente a los números y en realidad no tenemos ningún marco de referencia para saber qué significa 1.715 años. Toda la civilización occidental desde los tiempos romanos se acerca a 1.715 años, pero nuestros más grandes avances más allá de la imaginación de nadie han surgido en los últimos 100 años. La población global se ha triplicado en mi propia vida, y las personas cada vez es más y más perversa y malvada. Hemos llegado a una coyuntura en la que Dios está mirando a su creación caída y diciendo:

He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra (Génesis 6:13).

La gran tribulación venidera también será una acción correctiva: de nuevo Dios se ve obligado a preservar su creación original. Así que además de las cuestiones de salvación y justicia entre seres humanos y ángeles, una de las consecuencias primarias de la gran tribulación será salvar de la desaparición nuestros vegetales, plantas y animales. La industria moderna biotécnica de la humanidad, impulsada por la codicia, ha introducido miles de cambios genéticos en el ecosistema. Sin cortapisas, estos cambios podrían potencialmente dañar y destruir permanentemente la creación original de Dios en todo el globo.

A diferencia de los días de Noé, Dios arrojará a Satanás de su oficio permanentemente esta vez. Sí, será suelto por un tiempo breve al final de la edad tet, pero la tierra nunca más volverá a ser trastornada por personas perversas impulsadas por los demonios que inventan bombas nucleares o armas biológicas venenosas horriblemente inimaginables de destrucción masiva.

Dios detendrá la prisa enloquecida por destruirlo todo. Más adelante usaré la analogía del nacimiento para describir el plan de Dios. En esta analogía la gran tribulación representa los dolores de parto de los cuales nace el reino de Dios. Pero la placenta que brota con el nene es destruida, y de igual manera lo será todo el mal que los seres humanos y demonios han generado. Así como se descarta la placenta y se abraza al debe, así que el mal y su instigadores serán arrojados fuera y el reino restaurado de Dios lo abrazarán todos lo que tienen fe. Es nuestra única esperanza para sobrevivir.

 

Profesor Edward Hull, M.A. L.L.D., F.R.S., The Wall Chart of World History, Barnes & Noble Books 1995, (Princess House, 50 Eastcastle St. London W1N 7AP, England, 1988).

Origo Verlag Zurich, Der gottliche Bauplan der Welt-Friedrich Weinreb, Origo Verlag Zurich, Switzerland, 1966 (traducido al alemán).

 

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Enlaces del capítulo en: 
¿Se Acerca la Gran Tribulación?
5 - El Surgimiento de la Segunda Civilización 11 - Repaso y Continuación del Peregrinaje
12 - El Plan e Identidad de Dios en Jesús, el más Pequeño Micro-Huevo del Universo


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